El mercader de Venecia y la Guardia Civil

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De Maurycy Gottlieb – “Catalogue of paintings removed from Poland by the German occupation authorities during the years 1939-1945. 1, Polish paintings” / comp. Władysław Tomkiewicz ; Ministry of Culture and Art. Warsaw 1950 Editor: Ministry of Culture and Art.See also Department of National Heritage, Wartime losses (an official webpage of Polish Ministry of Culture, Art and National Heritage), Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=581089

En una de las obras más icónicas de Shakespeare, El mercader de Venecia (ca. 1598), el dramaturgo inglés nos cuenta la historia de un aval algo sanguinario: Antonio, cristiano acaudalado pero que tenía su capital invertido en empresas de ultramar, pide un préstamo a Shylock, judío al que previamente había insultado por usurero. El préstamo (3.000 ducados) no lo interesa para sí, sino para su amigo Basanio, noble que precisa de liquidez para continuar su noviazgo con una rica heredera, Porcia. Shylock acepta entregar el préstamo pero pone como condición que, en caso de impago el día del vencimiento, tendrá derecho a tomarse una libra de carne de Antonio (y de la parte de su cuerpo que Shylock quisiera). Cuando el prestamista conoce el naufragio de la flota de Antonio, ve la oportunidad de deshacerse de su rival comercial, ejecutando la peculiar garantía del préstamo, pese a que le es ofrecida por terceros la devolución de la suma prestada.

Cual Mercader de Venecia, la Guardia Civil no renuncia a «cobrarse» su libra de carne, aunque para ello deba obviar descaradamente la norma, resistiéndose a ejecutar en todos sus extremos una sentencia del Tribunal Supremo.

Traemos hoy al blog la siguiente situación: un Guardia Civil es sancionado como autor de una falta grave con un mes de suspensión de empleo. Como consecuencia de ello, además de los efectos directos de dicha situación administrativa, de forma solícita y presta le reducen dos días de su crédito anual de vacaciones y uno del correspondiente a asuntos particulares, por no ser tiempo de servicio efectivo el transcurrido en la situación de suspensión de empleo. Hasta ahí todo correcto.

Tras los recursos pertinentes frente a la sanción disciplinaria, la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo sustituye la sanción de un mes de empleo por la de seis días de pérdida de haberes con suspensión de funciones. Por lo tanto, la sentencia crea una ficción legal consistente en que la sanción no existió jamás, debiendo desaparecer sus efectos (anotación en la hoja de servicios, pérdida de retribuciones, pérdida de puestos en el escalafón, etc.), sin perjuicio de aplicar los derivados de la sanción sustitutiva.

Firme la sentencia, el interesado solicitó a la Comandancia de Valencia que le fueran repuestos los dos días de vacaciones y el de asuntos particulares que le fueron indebidamente reducidos de su crédito. La Comandancia desestimó la petición con el argumento de que, dado que no había prestado servicio durante el mes de suspensión de empleo, no había devengado el derecho a vacaciones y permisos: la Comandancia quería su libra de carne.

Instada la ejecución de sentencia, el Tribunal Militar Central ha estimado las pretensiones del interesado, mediante auto de 10 de julio de 2019 en el que señala, sin ambages, que el fallo de la sentencia «incluye el derecho del recurrente a ser resarcido por los daños y perjuicios que se le hubieran podido ocasionar como consecuencia de la sanción reformada, y a ser repuesto en la misma situación que se hubiera encontrado de no ejecutarse aquella sanción con los efectos administrativos, económicos y de cualquier otra índole que le corresponda».

En consecuencia, la Sala reconoce el derecho del recurrente a disfrutar de las vacaciones y permiso de asuntos particulares que le fueron detraídos del crédito de 2016 con motivo de la sanción posteriormente anulada.

«Me preguntáreis por qué quiero mejor tomar una libra de carroña que recibir tres mil ducados. A esto no responderé de otra manera más que diciendo que tal es mi carácter» (Shylock, El Mercader de Venecia, Acto IV, Escena I).

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