La objetividad en el IPECGUCI

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Foto: Cuartel de la Guardia Civil de Siete Aguas (http://sieteaguas.compromis.net)

El informe de calificación personal del Guardia Civil (IPECGUCI) viene definido en la Ley 29/2014, de 28 de noviembre, de Régimen del Personal de la Guardia Civil, como «la valoración objetiva e imparcial de unos conceptos predeterminados que permitan apreciar las cualidades, méritos, aptitudes, competencia y el desempeño profesional de los guardias civiles» (art. 55).

Esta objetividad vuelve a predicarse en el artículo 4 de la Orden PRE/266/2015, de 17 de febrero, por la que se establece el modelo y las normas reguladoras del Informe Personal de Calificación del Guardia Civil, donde se dispone que los principios que han de regir los procesos de calificación son los de transparencia, objetividad e imparcialidad.

Las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas no son ajenas a la importancia que el IPECGUCI tiene en la carrera de los guardias civiles (pues afecta a su evaluación para el ascenso, para los cursos de capacitación para el ascenso, para determinados cursos de perfeccionamiento, para la evaluación extraordinaria para determinar si existe insuficiencia de facultades profesionales, para concurrir a determinados destinos…) y, por ello, dispone que todo militar, cuando intervenga en los procesos de calificación, «Obrará con la mayor reflexión, justicia y equidad en la elaboración de los informes personales, así como en los procesos de evaluación en los que participe, consciente de la gran trascendencia que tienen, tanto para los interesados como para el conjunto de la organización». (art. 36).

Pues bien, como preveía el magistrado J.R. Chaves al hablar del IPECGUCI, el factor humano determina «en ocasiones la subjetividad propia de los pecados capitales: envidia, ira, etc.)», dando al traste la pretendida objetividad e imparcialidad del IPECGUCI.

Así, la pasada semana tuve la ocasión de formular alegaciones frente al IPECGUCI de un Guardia Civil que fue calificado negativamente (un 4,33 en la calificación provisional) con calificaciones de insuficiente (3) en competencias como perseverancia, calidad y capacidad de trabajo o capacidad de aprendizaje.

Sin embargo, se da la circunstancia de que en el período que abarcaba la calificación, el mismo Guardia Civil había sido distinguido con dos condecoraciones. La primera, la Cruz con distintivo blanco de la Orden del Mérito de la Guardia Civil, condecoración que se concede -según su normativa- a quien «sobresale con perseverancia y notoriedad en el cumplimiento de los deberes de su empleo o cargo, de forma que constituya una conducta ejemplar digna que se resalte como mérito extraordinario» (art. 9 de la Orden INT/2008/2012, de 21 de septiembre, por la que se regula la Orden del Mérito de la Guardia Civil).

La segunda, la Cruz a la Constancia  en  el  Servicio,  que  distingue  a  los  miembros de  la  Escala  de  Cabos  y Guardias por su constancia en el servicio e intachable conducta (art. 1 del Reglamento de la Cruz a la Constancia en el Servicio, aprobado mediante R.D. 682/2002).

Es evidente que las bajas calificaciones en competencias como perseverancia, calidad y capacidad de trabajo no se compadecen con las recompensas obtenidas en el mismo período, pues no puede ser calificado negativamente por tales conceptos quien, el mismo año, ha sido distinguido, precisamente, por su perseverancia y notoriedad en el cumplimiento de los deberes de su empleo o cargo.

Tristemente, el IPECGUCI no puede recurrirse. Únicamente pueden formularse alegaciones frente a la calificación provisional, las cuales pueden redundar en que el superior jerárquico corrija al alza la nota (quedando al albur de su libre apreciación). Sí que pueden recurrirse los actos de evaluación en los que se aplique el IPECGUCI y combatir esas calificaciones, pero cuando se alcanza ese punto el daño ya está hecho.

«Sois de vuestro padre el diablo y queréis hacer los deseos de vuestro padre. El fue un homicida desde el principio, y no se ha mantenido en la verdad porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, habla de su propia naturaleza, porque es mentiroso y el padre de la mentira.» (Juan 8:44)

 

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